martes, 14 de octubre de 2025

La matrícula y su cierre

 

            Una de las cosas que más nos diferenciaron del entorno educativo vigente y que, por desgracia, se ha impuesto históricamente, fue el hecho de no cerrar nunca la matrícula. Es decir, incorporar a las enseñanzas a todo alumno que llegase, con condiciones para ser admitido, fuese el mes que fuese.

            De esta forma se facilitaba el acceso a la educación a muchos alumnos que, por diversos motivos: falta de información, sucesos familiares sobrevenidos, descubrimiento tardío de la oferta educativa…, en el período marcado por las autoridades educativas no habían podido matricularse de nuestras enseñanzas.

            Además, compensaban las bajas que inevitablemente se producían en los cursos y de esa manera se facilitaba que existiese una cantera potente que posibilitase que los cursos que vendrían posteriormente contasen con demanda suficiente, sobre todo para la titánica tarea de pelear por los puñeteros desdobles.

            No todos los docentes veían de manera satisfactoria esta política. Al lado de la lógica problemática de necesidad de atención que provocaban estos alumnos y la diversidad que introducían en la práctica docente diaria, en muchos casos el discurso contrario enmascaraba la comodidad de contar con un número reducido de alumnos y la asumida costumbre de eliminar a un buen porcentaje de alumnado antes de Navidad, que, tristemente, era incluso bandera en algunos perfiles del profesorado.

La incorporación de profesorado especialista en los cursos donde esta política era más candente, los de Nivel 1, hizo que se diluyera esta crítica que permaneció en buena parte de los individuos que posteriormente desguazaron el Canastell

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